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Corrupción e injusticia

 ARMANDO MÉNDEZ 

El descubrimiento de una presunta red de concusión y extorsión conformada por funcionarios públicos de nivel medio, en dos ministerios claves, que podría ser un terremoto según el Ministro de Gobierno -¿será?- nos señala que el país enfrenta un gravísimo problema.

Es un problema para el gobierno del Presidente Morales porque quienes están siendo detenidos por conformar una red de extorsión estaban también a cargo de muchos juicios que el gobierno del MAS viene impulsando, con lo que se confirma la denuncia de la oposición política al gobierno de que se judicializó la política en Bolivia. Esta situación pone en completa duda todos los juicios que el gobierno ha impulsado durante todos estos años.

Hay que recordar la acertada opinión del ex Presidente de la República y ex Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, quién dijo que los gobiernos “olvidaron la agenda de la justicia”. Lo que estamos viviendo hoy es el resultado de esta ausencia, pero agravada porque se verifica la presencia de una mafia extorsionadora al interior de instancias gubernamentales, debido a la ausencia de mínimos mecanismos institucionales de control y de fiscalización. Esto confirma la inexistencia de un Estado de Derecho y de la tan reclamada “seguridad jurídica”. Que el Poder Judicial en Bolivia nunca fue independiente del Poder Ejecutivo es una realidad. Que las decisiones judiciales siempre llevan el manto de injusticia, es otra verdad, porque se tiene la sensación que la justicia se compra en el país.

La corrupción es también un problema de ausencia de modernidad y de desarrollo económico. En el pasado de la vida de la humanidad dominaba la injusticia y la corrupción. El más fuerte se imponía al débil. En los estados monárquicos, el rey era dueño de vidas y haciendas. El se encargaba de otorgar todo tipo de privilegios a la nobleza, entregaba tierras y bienes. En todo el tiempo del mercantilismo la característica era que el Estado elegía a las personas que se hacían cargo de la propiedad y dirección de las actividades económicas, no por sus propios méritos y esfuerzos, sino porque sencillamente eran parte de la elite gobernante. Eso se llama hoy corrupción, en ese tiempo era algo normal.

Sin embargo, hay que destacar las diferentes formas y grados de corrupción, que son inherentes a la actividad de la política, que como bien señaló Milton Friedman, se da porque la asignación de recursos por parte del estado no cumple con el postulado de racionalidad económica, que está presente en todo intercambio privado libre y voluntario que se realizan en los mercados.

La más conocida y generalizada se presenta en la compra de bienes que efectúan las entidades públicas. Esto adquiere dimensión en el gasto en inversión pública, porque ahí se maneja mucho dinero. Son las famosas comisiones que reciben algunos funcionarios públicos, que clásicamente se dice que son del diez por ciento, pero otros dicen que es el “quinciño” (el quince por ciento). Esta corrupción, jamás se la descubre, a no ser porque se cometa algún error administrativo que implica clara evidencia de un pago indebido. Y esto es así, porque las dos partes que participan en este éste hecho dan su voluntario consentimiento y nunca se denuncian, porque saben que si así lo hicieran los dos pierden. Se la disminuye implementando rigurosos y modernos sistemas administrativos y de gestión.

Pero la corrupción a la cual se estaría denunciado hoy no es ésta, sino que es completamente delincuencial porque conlleva la concusión. Es decir, se obliga a las personas, ya sean del ámbito privado o del ámbito público, imponer decisiones judiciales que en justicia no corresponden.

“Transparency Internacional” confirma que la corrupción es un hecho mundial. La diferencia es cuantitativa. Los países más avanzados y con mayor libertad económica son los que tienen mucha menor corrupción. Los subdesarrollados y con menor libertad económica son los que sufren de mayor corrupción. Esto estaría confirmando que todo país que no ingresó a la modernidad y que se mantiene en el subdesarrollo, es corrupto.

En el último informe correspondiente al año 2012 se observa que Bolivia habría disminuido su siempre elevada corrupción. Con seguridad en los próximos resultados que presente dicha institución Bolivia aparecerá con un índice de mayor corrupción, porque lo acaecido en estos días no pasará desapercibido. Pero sin tomar en cuenta este hecho, cuando se ve en detalle sobre los rubros que considera Trasnparency para calificar la corrupción se concluye que entre 99 países observados en el ámbito judicial, Bolivia ocupa el primer lugar en corrupción en el Poder Judicial.

Si se correlaciona la libertad económica que gozan los países con el grado de corrupción se llega al siguiente resultado. Las economías económicamente más libres son también las economías menos corruptas. Países que gozan de alta libertad económica como Suiza, Singapore, Canadá y Chile, son también países que tienen bajos índices de corrupción. En cambio, países donde la libertad económica es muy baja como son los casos de Corea del Norte, Venezuela y Argentina, también exponen elevados índices de corrupción. Se cumple la conocida sentencia: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”.

*Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

Tomado de hoyboliva.com

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