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El hombre nace bueno, la política lo corrompe

ARMANDO MÉNDEZ

Una verdad a medias es conocida la expresión de Rosseau: “El hombre nace bueno, la sociedad lo corrompe”. Las artes y la civilización serían el origen de la corrupción y de la desigualdad. Comparto lo primero. No quepa duda de que el hombre nace bueno. Mire a un niño, sentido racional de maldad: ninguno. Todo es permanente actividad, descubrimiento y adquisición de conocimiento. Repetición de lo que otros niños mayores hacen. Éste es el proceso de evolución individual de toda persona humana.

Si aplicamos los conocimientos de la estadística se diría que los niños se distribuyen en una función estadística normal, tipo “campanada de Gauss”, donde los anormales se encuentran en las colas. En un extremo se ubican los genios, en el otro, los defectuosos, ambos minorías. Seguramente más del 95 % de la población se encuentra en la parte calificada como normal.

Luego el niño crece, se hace hombre y busca distinguirse, por lo que es competitivo. Quiere demostrar que es el mejor. La gente busca destacarse. La gente quiere que los demás le aplaudan. Está en búsqueda del “reconocimiento”, de la propia dignidad. Esta es la naturaleza y la historia de la humanidad. La economía de mercado otorga un reconocimiento racional a la gente.

También está en la naturaleza del hombre la subordinación al líder, al más fuerte, sea o lo parezca. He aquí el origen de la política. Surgen las tendencias del “culto a la personalidad”, tan recurrente en las sociedades que buscaron la construcción del comunismo, del nacional socialismo, del fascismo y del populismo. Todas ellas basadas en la majestad de la política. ¿A cuánto sumará la millonada que estará costando la atención del cáncer del presidente Chávez, financiada con dinero del pueblo? No importa, no es un mortal cualquiera, es el rey moderno. Pero mantener el poder implica dar canonjías a quienes apoyan ese poder, lo que implica distribuir ingresos.

El romanticismo en la política, muy propia de los revolucionarios jóvenes e “idealistas”, cree que se pueden tomar muchas decisiones colectivas por consenso y de manera democrática. Es decir, respetando los intereses de todos que se supone son los intereses generales, lo que no es cierto. La política es la capacidad de unos hombres para que otros hagan la voluntad de los primeros. Ante todo, es la actividad del privilegio. Desde la prehistoria ha existido el “jefe de la tribu”, al cual todos se sometían. Los gobiernos monárquicos son el ejemplo del abuso del poder. Para ellos todo era válido. La política era represiva y era común el tráfico de influencias. Ahí surgió la corrupción. Cuando el poder político también concentra el poder económico caemos en lo que se denomina totalitarismo.

La historia reciente de los regímenes democráticos busca disminuir la corrupción, que es inherente a quienes detentan el poder político porque tienen la capacidad de administrar recursos financieros del pueblo en beneficio de ellos mismos, dando lugar a la corrupción, que no es lo mismo que delito. La corrupción no deja huellas, cuando lo hace se suele convertir en delito, porque implica que se incumplió alguna norma que con claridad demuestra pagos indebidos.

Los intelectuales, en particular, y la gente en general, saben lo que es el poder de la política. Cuando alguien comienza a gobernar un país se dice: “tomó el poder”. Así como se sabe que las monarquías utilizaban para beneficiarse, se cree que cuando aparecen los regímenes democráticos es posible utilizar el poder político para el beneficio del pueblo. El romanticismo está muy generalizado. La construcción del Estado benefactor en la Europa desarrollada avaló esta creencia. Hoy se sabe que esto se hizo con endeudamiento público que benefició a los capitalistas. Éstos dejaron de invertir en la creación de empresas, que son riesgosas, para prestarles a los gobiernos, considerados sin riesgo. Consecuencia, crisis, primero, y lento crecimiento económico, después.

Junto a la modernidad del siglo XX vino el aporte de la ciencia económica que parte de reconocer que la mejor asignación de recursos se hace cuando los mismos son el producto de intercambios privados libres y voluntarios, a nivel mundial, sin influencia política, no por acuerdos colectivos. Esto diluye el poder económico. No hay un solo día que las personas en el mundo no hagan algún intercambio. A esto se llama intercambio generalizado, desarrollo de los mercados y globalización económica. En la medida que disminuya la importancia de la política en la vida de los pueblos también disminuirá la corrupción.

Tomado de paginasiete.bo

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