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Soluciones para la violencia

IVÁN ARIAS 

“No puede ser, Iván -exclamaba un amigo-, en menos de media hora hemos visto más de ocho agresiones entre golpes y riñas verbales. ¡¿Qué nos está pasando?!”. Pues el amigo no exageraba. Entre las 19:00 y las 19:40, en el tramo de La Guardia hacia la ciudad de Santa Cruz, vimos desde nuestro auto a cada rato actitudes de agresión y riña de toda laya: ya entre choferes, ya entre limpiaparabrisas, ya entre mendigos, ya entre parejas, ya entre uniformados y civiles.

Un pandemónium en plena doble vía que une estas dos ciudades orientales. Y esto no difiere mucho de otras grandes urbes como La Paz, El Alto o Cochabamba.

En junio de 2012, el informe anual del Instituto para la Economía y la Paz, conocido como Índice de Paz Global, que reúne a un panel internacional de expertos provenientes de institutos para la paz e investigadores sociales, y cuyos datos son procesados por la Unidad de Inteligencia del semanario británico The Economist y que se basa en 23 indicadores, como el nivel de militarización de un país, el gasto en defensa, el conflicto interno, el grado de paz social, el terrorismo, la relación con los vecinos o el respeto por los derechos humanos, advertía que Bolivia es uno de los países del mundo con tendencia hacia un aumento de la violencia.

En América, de los 23 países analizados, 16 mejoraron su calificación, siendo el nuestro uno de los que marchan en sentido inverso hacia un aumento de la violencia. Colombia, México, Honduras, Guatemala y Venezuela, en ese orden, son los otros países que figuran entre los más violentos de la región.

Como bien lo señala el investigador Antonio Moreno (2011): En el ámbito nacional, las estadísticas policiales revelan que la conducta violenta y criminal se ha incrementado de manera casi “irracional”, sobre todo a partir del año 2000, pues entre los años 2003 y 2004 se han producido alrededor de 2.000 atracos; el año 2004 fueron perpetrados 3.700 homicidios; entre 2001 y 2004 se cometieron 8.000 violaciones, estupros y abusos deshonestos, y en este mismo periodo ya se había identificado la presencia de 990 pandillas.

Para el año 2010, según un informe de la Dirección General de Seguridad Ciudadana y Prevención del Delito, el panorama delictivo da cuenta de la comisión de acciones delictivas con mayor incidencia en aspectos bastante violentos sobre todo vinculados a la acción de los atracadores, los secuestros exprés, los cogoteros, los asaltantes de domicilios, de sucursales bancarias y otro tipo de entidades públicas.

Por otro lado, siete de cada diez bolivianas sufren violencia psicológica y física, pues según el observatorio Manuela, en el periodo 2009-2011 registró 445 muertes violentas de mujeres en Bolivia, de las que 283 fueron clasificados como feminicidios demostrados. Según estadísticas del Centro de Información y Desarrollo de la Mujer (CIDEM), en los primeros diez meses de 2012 ocurrieron 110 muertes violentas de mujeres, de las cuales 71 fueron feminicidios y 39 asesinatos por inseguridad ciudadana.

¿Qué nos está pasando? Las explicaciones causales son múltiples (económicas, sociales, culturales) pero creo que hay dos que han logrado calar en el pensar y accionar colectivo y que están muy relacionadas con la forma de gobernar la cosa pública.

Durante estos años se ha remachado desde los que están ejerciendo la gestión pública la práctica del “ahora nos toca” que ha sentado las bases del revanchismo y el de “yo le meto nomás'”, que ha fortalecido la idea de que cuando uno tiene el poder puede hacer lo que se le venga en gana.

El discurso confrontacionista y revanchista ha llevado a que varios sectores y personas consideren que hoy todo les está permitido contra los otros que estarían pagando su factura por el desprecio y la exclusión que practicaron. Por ello hay que asaltar sus casas, sus propiedades, sus cargos. Por otro lado, el “yo le meto nomás” ha dado carta de legitimidad y legalidad a los detentadores del poder para que irrespeten y violen las normas, reglas y procedimientos, dejando entre sus acólitos y ciudadanos la idea de que cuando se tiene el poder es para ejercerlo y que por ello todo está permitido: perseguir, encarcelar, violar. Si no, pregúntense, ¿cómo se explica la violación en Sucre o que un asambleísta condenado por asesinato no esté preso y esté gozando de licencia?

Tomado de paginasiete.bo 

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