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No es precipicio fiscal, es iceberg financiero

ARMANDO MÉNDEZ 

En los últimos días del mes de diciembre la prensa internacional se hizo eco de lo que se vino en denominar, en EE.UU, el “precipicio fiscal”, si ese país aplicaba algo que se había determinado antes con el propósito de reducir el déficit fiscal. Lo convenido implicaba un aumento automático de impuestos y una reducción del gasto público, lo que hubiese llevado a una reducción de la demanda interna y con ello a una desaceleración del crecimiento económico, que se estima está en el orden del 2,6 por ciento anual. Como cualquier indicador agregado, oculta grandes diferencias de comportamiento económico al interior de esa gran nación. Debe haber estados cuyas economías están expandiéndose junto a otros que deben estarse contrayendo.

Esa determinación se enfrentó con un gran rechazo social por lo que los políticos demócratas y republicanos llegaron al acuerdo de no implementarlas. Lo que acordaron fue un aumento de la tasa impositiva a los ingresos de los más ricos (ingresos mayores a los $us 450 mil anual) y alguna reducción del gasto público, ambas más simbólicas que de efecto, clara señal de que el enorme déficit fiscal se mantendrá y con ello aumentará la deuda pública. Se estima que EEUU está incurriendo en un déficit anual del orden del 10 por ciento del PIB y una deuda federal que ha superado el 100 por ciento, también del PIB.

El tope de la deuda federal en EEUU está determinado por una decisión congresal y alcanza a los 16,4 billones de dólares, la misma que fue incrementada a mediados del año 2012, cuando el Poder Ejecutivo de ese gran país había llegado al límite fijado anteriormente. Este límite tiene que ser elevado debido a que, otra vez, se lo está alcanzando. Para que financieramente el gobierno norteamericano pueda honrar sus obligaciones requiere seguir endeudándose, por lo que es de esperar que próximamente el Congreso norteamericano eleve este límite. De esta manera se “tranquilizarán” a los mercados financieros.

Uno de los grandes avances en materia de política económica es que sean los poderes legislativos de las naciones los que determinen “reglas” para el campo fiscal y monetario, en lugar de la vieja práctica que ha sido dejar estas decisiones a criterio del Poder Ejecutivo. Esta larga práctica ha demostrado ser funesta porque ha incentivado la continua expansión del gasto público con endeudamiento. Por esta razón en EEUU existe la regla del límite del endeudamiento del gobierno central. No se logró imponer la regla del máximo gasto público. Es un tema pendiente de la política económica para impedir el permanente incremento del gasto público en los países del mundo, origen del persistente endeudamiento.

La ausencia de la “regla monetaria” ha permitido que la Reserva Federal de EEUU inunde de dinero a los mercados financieros.

Para luchar contra la recesión económica, que atravesó EEUU durante el año 2009. se aplicó una política expansiva, tanto fiscal como monetaria. La primera se expresó en pasar de un déficit fiscal a PIB de un dígito a dos dígitos (13 % en 2009, 11% en 2011 y 10% en 2011). La segunda en expansiones de la cantidad de dinero generadas por la Reserva Federal, mediante la adquisición de activos financieros a los bancos y la compra de bonos del Tesoro Americano, lo cual no sólo inundó de dólares a los EEUU sino a todo el mundo. Hemos observado durante estos años cómo América Latina se llenó de dólares lo cual trajo consigo las apreciaciones de las monedas nacionales y la depreciación del dólar.

Las consecuencias de la política expansiva tanto fiscal como monetaria ha permitido mantener una demanda interna que supere la recesión económica y reinicie el crecimiento económico, pero con desempleo. La expansión monetaria ha permitido que se cambie la situación de deflación en la cual se encontraban los activos financieros a una situación, otra vez de inflación. Hoy, el Indice Dow Jones se encuentra en su nivel más alto, como estaba en el año 2007.

El problema norteamericano esencialmente es un problema monetario. Creación de demasiado dinero durante mucho tiempo que ha generado una inflación crónica de los precios de los activos financieros. El mercado crediticio norteamericano llegó a representar el 378 % del PIB en EEUU el año 2008, cuando el año 1972 representaba ya el 152 %. Hoy este indicador algo bajó pero sigue siendo elevando.

El elevado nivel crediticio alcanzado en EEUU, que luego se traduce en activos financieros que se transan en bolsa a precios tendencialmente crecientes, ha creado una riqueza artificial. Los ricos, los denominados fondos de inversión, lo que tienen son “papeles”, que continuamente generan ganancias a sus tenedores pero que no guardan relación con la riqueza real que anualmente fue creando EEUU. ¿Cómo desmontar este expansivo iceberg sin afectar a la economía real? He ahí el problema norteamericano.

*Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

tomado de hoybolivia.com

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