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Otro año de improvisación

EDUARDO BOWLES 

No debe haber algo más sujeto a experimentos y manoseo en Bolivia que la educación. Ahora resulta que somos el primer país del mundo con una educación “trilingüe” y la pregunta del millón es ¿existen profesores capacitados para enseñar guaraní, quechua o mojeño en los lugares indicados? Claro que no, todo es parte de un show con fines propagandísticos. Si de verdad existen los maestros calificados para tal efecto, que comiencen por los altos funcionarios del Gobierno multicultural, que hasta ahora no han pronunciado ni media palabra en idioma originario.

Según lo indica la nueva normativa, cada profesor deberá dominar por lo menos tres lenguas: el castellano, un idioma extranjero y uno originario. Las autoridades reconocen que acaba de empezar la capacitación de 45 mil maestros para cumplir con este requisito. Toda una improvisación para semejante cartel.

Cada Gobierno que llega inventa algo, hace cambios, fabrica su propia ley: la modificación de los ciclos, el cambio de nombre de los cursos, nueva currícula, se inventan métodos y por supuesto, barren con todo lo que se hizo en el pasado, porque supuestamente llega algo mejor. Este año hay nuevo ordenamiento, no habrá aplazados en primaria y el reforzamiento se hará por bimestres, ya no anualmente. Se acabaron los trimestres y se vuelve al sistema bimensual de evaluación.

El lanzamiento de la nueva currícula escolar que viene de la mano de la Ley Avelino Siñani fue postergado por un año porque la improvisación no se pudo disimular en la gestión pasada, pero el avance no ha sido significativo. Los promotores de la iniciativa dicen que todo será gradual, lo que en jerga criolla quiere decir “En el camino se acomoda la carga”. El problema es que la educación sigue siendo un bulto del que nadie quiere ocuparse en el país, donde pese a todos malabarismos realizados, algunos muy rescatables, el rendimiento de los estudiantes sigue siendo uno de los más retrasados del continente, según lo revelan estadísticas de organismos especializados.

La realidad que se observa, por ejemplo, es el mal estado de las escuelas públicas, olvidadas durante los meses de la vacación; otras que tendrán que postergar el inicio del año lectivo porque no han terminado de repararse los daños causados por una mala edificación. Esos no son accidentes, son simplemente indicadores de un fenómeno patológico en Bolivia.

Países como el nuestro no pueden quejarse hoy de que no disponen de los recursos para hacer cambios estructurales en sectores estratégicos como la educación. Pero lamentablemente, se está desaprovechando criminalmente el periodo de bonanza económica originado en un factor externo como los precios de las materias primas exportables. Si Bolivia no aprovecha el cuarto de hora actual y no invierte en las nuevas generaciones, en inyectar a la economía recursos humanos, capacidad productiva y conocimiento, este periodo, que puede esfumarse de un momento a otro, porque es muy frágil, quedará resumido a una anécdota que algunos recordarán por los avioncitos, los helicópteros y los teleféricos, pero nunca por los cerebros que se ayudaron a formar, los únicos que le podrían dar al país la esperanza de prosperidad que necesita.

Tomado de eldia.com

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