Buscar en nuestras publicaciones:

Filosofía Política



Buscar por nombre:  

Mostrar   artículos por página

El lenguaje y el totalitarismo


(Martes, 13 Septiembre 2016)

CARLOS ALBERTO MONTANER

Gracias por invitarme a colaborar con este foro sobre la libertad de expresión.

Anomia estatal


(Miércoles, 07 Septiembre 2016)

CARLOS TORANZO 

La democracia no es sólo acceso a derechos humanos, libertad de prensa, derecho a disentir, derecho a condiciones de vida tolerables, posibilidad de votar y elegir. Una democracia es también instituciones, leyes, normas, que son las que deben facilitar la convivencia cotidiana entre los ciudadanos.

Popper en Moyo Island


(Miércoles, 07 Septiembre 2016)

MARIO VARGAS LLOSA 

En la isla de Moyo las bandadas de monos, sin la menor incomodidad, suben y bajan de los árboles, juegan, se pelean, bombardean las tiendas con tamarindos,

El lado ganador


(Martes, 06 Septiembre 2016)

ALBERTO MANSUETI 

Al liberalismo le hacen más daño ciertos “defensores” que todos sus detractores, que no son pocos, y son muy bravos. Por ej. muchos se dicen liberales por ser “amigos de la libertad”, o por defender “las ideas de la libertad”, expresiones vacías y gaseosas, imprecisas, carentes de contenido concreto, que no aluden a “Gobierno limitado”, privatizaciones, y conceptos liberales afines. No explican claramente cómo sería un sistema liberal de Gobierno, qué cambios o reformas se requieren, cuáles vías políticas son necesarias, cómo sería la transición desde lo presente.

En Venezuela había socialismo mucho antes de Chávez


(Martes, 30 Agosto 2016)

CARLOS SABINO 

Es bien conocida la dramática situación económica y política que hoy vive Venezuela. Hay monstruosas colas para adquirir los pocos productos básicos que se ofrecen a precios regulados, aunque todavía pueden conseguirse alimentos y medicinas, pero a precios muchísimo mayores. La inflación es prácticamente incalculable, pero para los productos básicos ronda el 30% mensual; el país está endeudado al extremo y las reservas internacionales han disminuido sin cesar.

En el plano político las cosas no están mucho mejor: el gobierno mantiene presos políticos, reprime brutalmente manifestaciones populares y no respeta ni su propia constitución. Venezuela es una dictadura disfrazada con un débil ropaje democrático, donde no se respetan las instituciones ni las mínimas libertades políticas.

Suelen atribuirse estos males a lo que llamamos populismo, un término algo difícil de definir, pero que incluye: el gasto desmesurado del Estado para congraciarse con los más pobres, subsidios enormes, fijación de un tipo de cambio artificial para abaratar las importaciones y una retórica que estimula la división entre pobres y ricos. Y todo esto ha sucedido en el país sudamericano, es cierto.

Aprovechando los altos precios del petróleo el gobierno ha gastado sin mesura durante quince años los enormes ingresos que recibió, creando durante un tiempo una falsa sensación de bienestar que le rindió no poco apoyo. La realidad, sin embargo, les ha pasado factura: el dinero se ha acabado, no hay dólares suficientes para las importaciones y el país está endeudado más allá de lo que puede pagar. Pero hay algo más.

La irresistible utopía liberal


(Martes, 30 Agosto 2016)

GORKA ECHAVARRÍA 

[Nota editorial: este artículo hemos decidido publicarlo como ejemplo de que incluso un crítico de Rothbard, pese a todo, no puede ignorar sus aportes a la teoría social en la economía y en la política]

En este breve artículo trataremos de explicar por qué su ideal de sociedad (sin Estado) es una utopía en los tiempos actuales, no sin antes recordar sus geniales aportaciones en otras áreas.

Rothbard despuntó desde muy pequeño por su inteligencia. Tras licenciarse en Estadística, entró en contacto con Ludwig von Mises, el maestro de Hayek. Se quedó tan prendado de su hondura intelectual que, a partir de ese momento, algo cambió en su vida. De Mises tomó su teoría económica, la praxeología, que estudia a partir de un hecho dado, la acción humana, los efectos de los intercambios, el papel del dinero y, en suma, toda la economía. Tanto para Mises como para Rothbard, la economía no es mera estadística ni unas leyes matemáticas que rigen la vida autómata de los humanos, porque aquélla es hija de la libertad de elegir.

Y así, analizando cómo funciona la economía, Rothbard encontró que su maestro no había ido lo suficientemente lejos. De hecho, se percató de que todas las “imperfecciones” que encontramos en la vida económica se deben a la perniciosa intervención del Estado. Así, llegó, entre otras, a la siguiente conclusión: los monopolios son resultado de las restricciones que impone el Estado para entrar en un mercado. Los ejemplos que podríamos citar son muchos, pero basta con uno: la televisión. Para ser dueño de una cadena no basta con haber acumulado suficiente capital y tener los medios para ello, además es preciso contar con el plácet gubernamental en forma de licencia.

Chile vuelve a las andadas populistas


(Martes, 30 Agosto 2016)

CARLOS ALBERTO MONTANER

He llegado al paísen medio de una algarabía,afortunadamente pacífica y civilizada. Es domingo y decenas de miles de personas protestan contra las AFP.

La filosofía de la libertad es contraria al status quo actual


(Martes, 23 Agosto 2016)

VÍCTOR PAVÓN 

En las organizaciones sociales y partidos políticos, sin excepción, se ha extendido una forma perniciosa de hacer política cuya práctica parte de la idea de que la pobreza únicamente puede ser combatida mediante personas con "sensibilidad social" con "planes sociales" sustentados en la práctica de sacar a los que supuestamente más tienen sin tomar en cuenta los efectos a mediano y largo plazo de las medidas a adoptarse, lo que significa poner en práctica la tan mentada “redistribución de la riqueza”.

Por supuesto, los que no estamos de acuerdo con ese tipo de política enseguida somos calificados de “insensibles”, elitistas y por qué no, de “neoliberal”. El cambio social y económico, dicen, requiere de la decidida acción de los políticos. Los que así piensan, no conciben otra forma de política y se entiende. Si no fuera así, la actividad que realizan dejaría de tener sentido, no existirían y deberán dedicarse a otra cosa.

Pero como no tienen la intención de dedicarse a otra cosa más que a sacar alguna tajada de privilegios en beneficio propio y de sus camarillas que los acompañan, entonces ese tipo de política se convirtió en una forma de trabajo. Este tipo de “trabajo”, sin embargo, no es tal; no existe en una genuina sociedad libre porque en ésta cada quien hace lo mejor según sus talentos y capacidades y colabora con los demás para mejorar su condición de vida. El que desee hacer política lo debería hacer de modo ocasional. Son las actividades privadas las que requieren de tiempo y dedicación, debiendo ser privilegiadas porque es la manera pacífica y moral de ganar el sustento diario mediante el servicio a los demás, a los consumidores.

Fatal arrogancia


(Miércoles, 17 Agosto 2016)

PAOLA YCAZA 

Uno de los argumentos que se utilizan para que los gobernantes de los países socialistas sientan la autoridad y legitimidad de planificar nuestras vidas

Ante el despotismo, la rebeldía cívica


(Martes, 16 Agosto 2016)

MARÍA CORINA MACHADO 

Se acerca, de modo inexorable, el momento de convocar al pueblo a ejercer la legítima y patriótica desobediencia civil generalizada. La rebelión ciudadana se justifica porque el régimen presidido por Nicolás Maduro ha roto el contrato social que une a un pueblo con sus gobernantes, haciendo imperativo su restablecimiento. En vista de que el régimen que destruye a Venezuela se niega a admitir una salida democrática, pacífica y constitucional a la grave crisis en que ha sumido a la nación, la rebelión cívica y patriótica no es solo justa sino también ineludible.

Toda noble, legítima e influyente tradición del pensamiento político occidental, basada en el disfrute de la libertad y en el ejercicio de la soberanía popular, consagra el derecho de los pueblos a rebelarse ante el despotismo y la opresión. En el caso venezolano, el pacto social de la nación, plasmado en la Constitución vigente, ha sido violentado, artera y reiteradamente, por un régimen despótico, con el pretexto de imponer una supuesta revolución de atrasada inspiración marxista, en lugar de respetar los fundamentos de la existencia ciudadana libre. Esa abierta violación del contrato social se ha manifestado en cinco planos principalmente:

En primer término, la Constitución de 1999 estipula nuestro contrato de convivencia en función de un Estado de derecho democrático-liberal, sustentado en el libre ejercicio de la soberanía popular, la separación y equilibrio de los poderes públicos y la renovación periódica de los gobiernos mediante elecciones libres y justas. Pero en Venezuela la soberanía popular ha sido secuestrada en nombre de un proyecto político hegemónico; son irrespetados los resultados electorales que no favorezcan los designios despóticos del régimen, y los poderes públicos obedecen dócilmente a un presidente jurídicamente cuestionado. La Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre del 2015, representativa de la expresión democrática de la soberanía popular, está siendo agredida por el régimen, que intenta aniquilarla por medio de las decisiones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, sumisa al régimen ilegítimo, y siendo ella misma designada violando la normativa constitucional.

La mediocridad moral de los intelectuales


(Martes, 09 Agosto 2016)

 H.C.F. MANSILLA 

Una de las tragedias latinoamericanas debe ser vista en la calidad ética de sus intelectuales. Estos últimos, con muy pocas excepciones, no pueden ser considerados como los portadores de una concepción verdaderamente racional y humanista acerca de la evolución de nuestras sociedades y de su porvenir. Ellos creen que deben defender su mezquina ambición y sus privilegios encubiertos a costa de la independencia, los designios y los derechos de los otros. Son gente que dice aborrecer las injusticias del pasado “feudal” y del capitalismo, pero sus aversiones sólo han servido para sucumbir fácilmente a los dogmas absolutistas del socialismo hasta 1989 y a experimentos populistas de dudosa calidad a partir de entonces.

Si algo los distingue, es su cinismo, su ansia de poder, dinero y gloria, su oportunismo. Precisamente los intelectuales radicales, que impugnan cada día el poder del “imperialismo”, de las “clases dominantes” o de la religión equivocada, saben sacar un buen provecho de esta posición. Son los sofistas del siglo XXI. En el siglo pasado los intelectuales progresistas descubrieron su antifascismo furibundo después de la derrota del fascismo, para entusiasmarse inmediatamente por cualquier dictadura manejada por Stalin, Mao o Castro.

En resumen: los intelectuales progresistas no irradian ninguna autoridad científica ni moral. La situación no es mejor en el Tercer Mundo: la mayoría de sus pensadores, especialmente de aquellos dedicados profesionalmente a combatir a los “explotadores del pueblo”, exhiben la misma intolerancia, la misma inclinación a las identificaciones fáciles, la misma manía por los dogmas y los esquemas, la misma carencia de ideas genuinamente originales y la misma incapacidad para crear un pensamiento adecuado con respecto a los dilemas contemporáneos. Los intelectuales se distinguen por la fabricación de mitos modernos y por su afición a las generalizaciones, por lo cual no podemos esperar de estos señores ningún impulso educativo razonable.

La revolución es exactamente eso


(Martes, 09 Agosto 2016)

CARLOS ALBERTO MONTANER 

En Venezuela pasan hambre. Es la revolución. No importa que sea el país potencialmente más rico del mundo.

El problema de Venezuela no es el petróleo


(Martes, 02 Agosto 2016)

ADRIÁN RAVIER 

Muchos recuerdan las palabras del Premio Nobel Paul Samuelson, quien dijo en el mundo hay cuatro tipos de países: los que crecen, los que no crecen, la Argentina y Japón. La Argentina es un país que con muchos recursos no ha encontrado la senda del desarrollo. Japón es un país que aún con escasos recursos logró alcanzar la senda del desarrollo. Venezuela se parece a la Argentina en este sentido: tiene enormes recursos y sin embargo, el desarrollo le ha sido esquivo. La gran pregunta es qué lugar debería tener el petróleo en el nuevo modelo post-chavista que se avecina.

El nivel de populismo al que ha llegado el país en las últimas décadas ha socavado las instituciones y, con ello, los incentivos al trabajo, la industria y el desarrollo. Venezuela se sumerge en una escasez de productos básicos sin precedentes, mientras la inflación se acelera por encima del 100% anual y con ello se incrementan los niveles de pobreza. La esquizofrenia y las limitaciones con las que conviven los venezolanos son innecesarias, pero es la consecuencia lógica de un modelo que atenta contra la libertad individual y la propiedad privada, y con ello destruye el proceso de mercado y la formación de capital.

Sin embargo, no es el petróleo ni la abundancia de recursos el problema económico y político venezolano. Hay países con petróleo que han logrado conseguir el camino al desarrollo, como Noruega, que creó una ley para que la renta petrolera se invierta mayoritariamente fuera del país, logrando con ello aislar a su estructura productiva del populismo y los incentivos perversos. Más precisamente, el 96% de las ganancias e intereses se reinvierten fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público.

Un país moderno


(Lunes, 01 Agosto 2016)

IAN VÁSQUEZ

En su mensaje a la nación, Pedro Pablo Kuczynski nos ofreció una visión: “Anhelo que en cinco años el Perú sea un país moderno”. Bravo. Esa visión optimista y realista es la que el país necesita.

¿Qué significa ser moderno? Más que nada, apunta a una actitud. Ser moderno implica sostener y compartir ciertos valores y comportamientos que han hecho posible el progreso humano y que han caracterizado a los países más avanzados.

¿Cuáles son esos valores y conductas? Son la tolerancia, el intercambio voluntario, el igual trato ante la ley y el respeto a la dignidad del individuo. Hace un par de años, refiriéndose a los países desarrollados, escuché a la historiadora económica Deirdre McCloskey decir una verdad del tamaño de una catedral: “Somos ricos porque respetamos la dignidad de cada uno”.

Solo una vez que se dispersaron estos nuevos valores en algunas sociedades a partir de un poco más de dos siglos atrás, se dio el Gran Enriquecimiento, según McCloskey. Desde 1800, el ingreso per cápita en los ahora avanzados países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) se incrementó en 2.900%. Hasta entonces, el ingreso promedio mundial era de US$3 al día. La pobreza masiva y el crecimiento económico prácticamente nulo fueron la norma por miles de años.

Lo que cambió fueron los valores. Se empezó a respetar al individuo común y corriente, no solo a aquellos que pertenecían a la élite. Se celebró la habilidad de poder enriquecerse, sea quien sea, a través del esfuerzo propio y el intercambio libre. Requirió una tolerancia a las diferencias entre cada quien y entre distintas comunidades, y se fortaleció el concepto de la igualdad. Para citar al pensador argentino Alberto Benegas Lynch (h), ese concepto era que “la igualdad es ante la ley y no mediante ella”.

Reconstrucción del Estado nacional y cambio de paradigma


(Lunes, 01 Agosto 2016)

OVIDIO ROCA 

Bolivia aún no se ha consolidado como Estado Nación; es un país en proceso de intermitente construcción y actualmente bajo la hegemonía de un gobierno absolutista, que luego de haber fraccionado al país, trata de controlar las innumerables facciones corporativas que permanentemente se le escapan de las manos; cada una de ellas con su propia estrategia de supervivencia. Y lo peor es, que este movimiento populista e indigenista a cargo del gobierno nacional, carece de una verdadera propuesta de país y de futuro viable y para todos.

La República no es el verdadero límite al poder político


(Martes, 26 Julio 2016)

ERIC HARRIS 

Hoy en día parece casi indiscutible la idea de que la democracia republicana sea el mejor límite al poder político. Abogando por una supuesta representación de la ciudadanía, tanto liberales como socialdemócratas defienden el paradigma de que la división de poderes, en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, es la forma de defender los derechos de los ciudadanos. En ensayos de filosofía política siempre se ve muy atractivo tal sistema, el problema es que en la práctica los únicos resultados que ha traído son:

-Mayor acumulación de decisiones y poder en un Estado central, lo cual lleva a una gran perdida de libertades individuales.
-El populismo como el modo de operar político, resultado de la desinformación inevitable del público en cada elección a gran escala.
-La casi nula representación ciudadana.
-Derechos de propiedad violados de forma creciente.
-Impuestos y endeudamiento en niveles récord.
-Monopolización estatal del dinero, manipulando políticamente la cantidad y el tipo de interés.
-Ciclos de burbujas y crisis recurrentes.
-Militarismo intervencionista que excede totalmente el rol de defensa por el cual cada sociedad debe tener un ejercito protector ante agresiones externas.
-La dictadura de las mayorías y, por consiguiente, la creciente renuncia a la defensa de los derechos individuales en nombre del colectivismo impuesto por un sistema de privilegios y mandatos legales.

El problema ha sido poner como valor supremo institucional a la democracia republicana, condenando tanto a las monarquías, las aristocracias o hasta la posibilidad de un sistema sin gobierno, pero sin haber prestado atención a la acumulación central de poder. Se pueden haber escrito constituciones proclamando la importancia de la defensa de la propiedad privada y la libertad de los ciudadanos, pero, al fin y al cabo, siempre la ley positiva politizada termina vulnerando, casi sin limites, tales derechos de propiedad. Países como Argentina y EEUU son un gran ejemplo de tal fracaso institucional, donde en la actualidad solo una pequeña minoría de ciudadanos realmente reclama por el respeto a sus respectivas cartas magnas fundacionales.

Educación superior gratuita: el fin de un mito


(Lunes, 11 Julio 2016)

AXEL KAISER 

EL AÑO 2013 escribí una columna sosteniendo que la educación era un bien económico y no un derecho. La tormenta que desató fue considerable pero todo lo que la columna afirmaba era que la educación costaba dinero -esa es la definición de un bien económico- y que nadie tiene un derecho al dinero ajeno. Sostener lo contrario significa decir que la educación no tiene costo alguno y negar la propiedad privada, pues obviamente usted tiene derecho sobre los frutos de su trabajo sólo si puede excluir de ellos al resto aunque los demande para educarse. Cuando sus promotores dicen que los derechos “sociales” son el camino para construir el socialismo están precisamente reflejando la idea de que estos son incompatibles con la propiedad privada y el mercado.

Ahora bien, ¿qué ha pasado desde 2013? Pues, los que advertimos que prometer educación gratuita para todos era demagógico, porque nada es gratis, nos hemos visto reivindicados por la dura realidad, a saber, que los recursos son escasos. A los liberales, esta verdad insoslayable nos lleva a concluir que los recursos deben destinarse a aquellos que más los necesitan -vaya inmoralidad-. Esa es una de las razones por las que rechazamos la idea de derechos “sociales” universales, pues estos no sólo abren las puertas para un gasto insostenible que termina perjudicando a todos los ciudadanos, sino que son esencialmente contrarios al gasto focalizado en los más desaventajados.

La educación superior gratuita, por lo mismo, lejos de ser un derecho “social”, es, si se quiere, un derecho “antisocial” porque en lugar de beneficiar a los más desvalidos da privilegios a un grupo ya aventajado de la población, que invierte en su capital humano a costa de impuestos que pagan todos los demás y que otros necesitan de modo más urgente. Esto no significa que no debiera haber becas para alumnos talentosos de escasos recursos, por supuesto, sino que la idea de derecho “social” universal como condición de ciudadano en realidad lo que consigue es crear una clase privilegiada que camufla sus privilegios bajo el concepto “social”.

El Brexit, la Unión Europea y los fundamentos de la libertad


(Martes, 05 Julio 2016)

HANA FISCHER 

El Brexit ha acaparado en los últimos tiempos mucho espacio en los medios de comunicación y en las redes sociales. Cada uno lo analiza según las ideas que sustenta y desde la perspectiva que más le interesa destacar. En consecuencia los periodistas, analistas políticos, economistas o gente común ponen el acento en tal o cual aspecto del asunto.

Es una cuestión compleja, en la cual han intervenido simultáneamente varios factores de diversa índole. Y, al igual que ocurre en todo sufragio, el voto de cada ciudadano estuvo basado en aquello que más le atraía o temía de las ofertas electorales.

Los críticos del Brexit han puesto mucho énfasis en la xenofobia, el nacionalismo, el aislacionismo y las consecuencias económicas negativas que dicha medida supuestamente acarrearía. En cambio sus defensores resaltaban que la Unión Europea (UE) en los hechos estaba aniquilando la soberanía individual, la democracia bien entendida y produciendo despilfarro del dinero de los contribuyentes en beneficio de las élites político-burocráticas comunitarias. En otras palabras, que esa organización, tal como está funcionando, estaba introduciendo a sus miembros en el “camino de servidumbre”.

Dado que los argumentos de los detractores del Brexit han sido ampliamente difundidos –creando alarma mundial generalizada- vamos a centrarnos en las razones que esgrimen los del segundo grupo mencionado.

Vindicación de la desunión


(Martes, 05 Julio 2016)

JAVIER PAZ

No es infrecuente oír a los políticos invocar la unidad del pueblo. La unidad es, a menudo, elevada a lo más alto de nuestros valores, imprescindible para la supervivencia de la nación y su desarrollo. Si utilizamos un poco de nuestra capacidad intelectual, podemos encontrar ciertas grietas en tal razonamiento.

España o el verdadero dilema


(Lunes, 27 Junio 2016)

CARLOS ALBERTO MONTANER 

Numerosos españoles se equivocan. Las elecciones del 26 de junio no son entre la izquierda, la derecha y el centro.

JPAGE_CURRENT_OF_TOTAL

Búscanos en el Facebook