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Filosofía Política



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David Rockefeller, Estados Unidos y el fracaso latinoamericano


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

CARLOS MIRA 

El diputado Gorostiaga, en la Convención Constituyente de Santa Fe, dijo que la Constitución que la Confederación Argentina estaba por jurar estaba "vaciada en el molde norteamericano". Esa era la visión de los Padres Fundadores: hacer de la nueva república, los Estados Unidos del Sur; la tierra de los sueños, el país de las oportunidades, el lugar para que los pobres encontrarán esperanzas para elevar su condición.

Ayer falleció David Rockefeller a los 101 años. David era el nieto de John D., el creador de la Standard Oil y quien comenzó una fortuna que supera hoy los 3 billones de dólares.

Cuando a John D. un periodista le preguntó cómo había hecho su primer millón él le respondió así: "¿Ve esa lámpara que está allí?. "Sí" le respondió el periodista. "Pues yo la vi primero", dijo John D.

Seguramente se refería a su idea de patentar por primera vez el uso del kerosene como combustible doméstico, entre otras cosas para utilizarlo en lámparas. El kerosene era, hasta ese momento, poco menos que uno más de los colaterales descartables del petróleo.

Así comenzó parte de su fortuna. Eso ocurrió en los EE.UU., en donde la Constitución y la Justicia garantizan la vigencia de los derechos individuales a la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad propia. Si el mismo caso hubiera ocurrido en la Argentina, John D. habría sido confiscado, privado de su derecho y el kerosene declarado material estratégico imprescindible para la seguridad nacional pasando a propiedad del Estado.

En esa diferente apreciación de la Justicia sobre Constituciones muy similares se basa la distancia que media entre el éxito norteamericano y el fracaso argentino.

Este ejemplo no vale lamentablemente solo para nosotros. El resto de las repúblicas latinoamericanas también siguió, al momento de dictar sus Constituciones, el modelo ideado en 1781 en Filadelfia.

Por qué los liberales son los verdaderos revolucionarios del siglo XXI


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

RAFAEL RUIZ 

En un famoso discurso pronunciado por el expresidente chileno Salvador Allende en la Universidad de Guadalajara (México) en 1972 para jóvenes estudiantes afirmaba que “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

La frase se ha convertido en un mote de batalla ideológico, principalmente para la izquierda latinoamericana y para políticos deseosos de capitalizar las buenas intenciones y descontento ante las injusticias que caracterizan a sus seguidores más jóvenes.L

Si entendemos que “revolución” es un término que se asocia con cambios radicales, bruscos e incluso violentos en las instituciones políticas, sociales o morales de una sociedad podemos darnos cuenta de que la izquierda latinoamericana de revolucionaria no tiene absolutamente nada y que sus ideas y premisas son parte indisociable del statu quo en el que se encuentra sumergida la región.

Las ideas que defienden los simpatizantes de izquierdas no tienen nada de nuevas, ya que han estado presentes en el ideario político de la región al menos desde principios del siglo pasado.

En cada uno de los países latinoamericanos hay más de una referencia a gobiernos de corte socialista, sindicalista, expropiador y centralizador del poder como el del propio Allende en Chile, Lázaro Cárdenas en México o Chávez en Venezuela, por citar solo tres ejemplos conocidos en diferentes épocas y países durante el siglo XX.

Hablar en contra de la privatización y la liberación de mercados no es hablar en contra del sistema, por el contrario, es abogar por más de lo mismo: más gobierno, más puestos políticos, más burocracia y al final de cuentas por más Estado.

Estar bajo el yugo y en espera de las decisiones de algunos elegidos democráticamente (en el mejor de los casos) no tiene nada de revolucionario tampoco. Es perpetuar un sistema que condiciona libertades individuales en pro de un supuesto “bien común” que lejos seguimos de siquiera alcanzar a vislumbrar.

El pensamiento mágico condena a Latinoamérica al subdesarrollo


(Miércoles, 15 Marzo 2017)

HANA FISCHER 

Daría la impresión que debido a una maldición, los países latinoamericanos son incapaces de zafarse del subdesarrollo.

Algunos, en diferentes épocas, estuvieron a un paso de lograrlo. Pero, llegado ese punto, las fuerzas reaccionarias arremetieron con ímpetu, arrastrando a esa nación en dirección contraria.

La falacia de la tercera vía


(Miércoles, 15 Marzo 2017)

CARLOS RODRÍGUEZ 

El muy destacado escritor e intelectual israelí Amos Oz defendió en el periódico El Mundo:

El tercer camino está entre el capitalismo darwinista y el comunismo dictatorial y brutal. Creo en la solidaridad social.

Ésta es una idea antigua, que ya planteó Harold Macmillan en su libro The Middle Way en 1938, fue recogida por los peronistas en mi Argentina natal y aparece reiteradamente en escritos vinculados con la Doctrina Social de la Iglesia. En general, se trata de un pensamiento poco riguroso, y de consecuencias posiblemente peligrosas.

Presentar como razonable y moderado un punto central es distorsionar la venerable noción aristotélica, cuyo justo medio virtuoso depende crucialmente de que equidiste de dos extremos análogamente viciosos. Y si no, no.

El comunismo es, sin duda, “dictatorial y brutal”. Veamos el otro extremo con el que Amos Oz pretende compararlo, el “capitalismo darwinista”. Dentro de su vaguedad, sospecho que la idea que quiere transmitir, un mundo capitalista tan letal y destructivo como el comunismo, no tiene nada que ver ni con el capitalismo ni con el darwinismo.

Por un lado, Darwin no se refirió a la mera aniquilación de las especies sino a la selección de las mismas según su aptitud, no su simple fuerza, como a veces se piensa. Si el capitalismo puede ser calificado de darwinista, porque la competencia del mercado efectivamente suprime empresas y empleos que no son eficientes, no se deduce de ahí que sea destructor de la riqueza. La verdad es, en cambio, que la aumenta muy considerablemente. Si no fuera así, si la destrucción de empresas y empleo fuera irreversible, los países capitalistas jamás habrían registrado ningún incremento en su prosperidad; y el empleo, de hecho, habría desaparecido.

¿Qué es el Estado?


(Martes, 14 Marzo 2017)

ARMANDO MÉNDEZ

Se define al Estado como la organización política que impone un determinado orden a una determinada sociedad, la misma que en su comportamiento acata sus normas.

Rafael Correa y el síndrome populista


(Miércoles, 08 Marzo 2017)

CARLOS ALBERTO MONTANER 

El 24 de mayo Rafael Correa abandonará la presidencia de Ecuador. Falta poco. No se desesperen. Lo entiendo: ha sido largo y doloroso. Lleva una década en el poder. Ese día comenzará a gobernar quien gane la segunda vuelta del 2 de abril. Si los demócratas de la oposición se mantienen unidos, Guillermo Lasso deberá sucederlo en el cargo.

¿Quién es Rafael Correa, este personaje contradictorio que se hace llamar neodesarrollista, socialista del siglo XXI, católico partidario de la Teología de la Liberación, nacionalista de izquierda, y, encima, canta y toca la guitarra?

¿Estamos en presencia de un comunista disfrazado, como lo fue Fidel Castro hasta que confesó su verdadera militancia en 1961 tras haberla negado previamente media docena de veces?

No creo que Correa sea comunista. Es otra cosa. Aunque es un economista mediocre sin investigaciones originales, sabe lo suficiente para advertir que las ideas de Marx son disparatadas.

Pese a su discurso ante las cenizas del Comandante en noviembre del 2016, transido de admiración y radicalismo, Correa es la quintaesencia del populista latinoamericano. ¿Cómo se sabe? Se sabe por el estudio de sus síntomas. El populismo es un síndrome.

No hay la menor contradicción en ello. Los Castro y Rafael Correa se hermanan en la devoción populista, en el autoritarismo y en el histrionismo. Correa es fidelista a fuer de ser populista. Perón también simpatizaba con Fidel y viceversa, como les ocurría a Mussolini y a Lenin. Se amaban en secreto, como en los boleros.

Naturalmente, se puede ser populista y comunista o fascista. Eso no importa. Hay populistas a la derecha y a la izquierda del espectro político. El populismo son medidas de gobierno para conquistar el poder y mantenerse en él. Está relacionado con la psicología profunda del que manda. Incluso, no faltan líderes y partidos democráticos que, lamentablemente, exhiben algunos elementos populistas.

¿Estamos en presencia de un gobierno populista?


(Miércoles, 08 Marzo 2017)

CARLOS ALBERTO MONTANER

Hay que admitir que el populismo suele estar a la derecha y a la izquierda. The Economist la gran revista británica, describe magistralmente la confusión. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, que ha liquidado a cientos de vendedores de drogas, es populista. Pero también lo es, y en grado sumo, el boliviano Evo (Ego) Morales, cocalero inveterado que ha multiplicado por cuatro las tierras dedicadas a ese cultivo.

El populismo son creencias y conductas que hermanan a figuras erróneamente situadas en bandos opuestos. Fidel Castro, comunista hasta el último minuto de su vida, y Juan Domingo Perón, cuasi fascista formado en la Italia de Mussolini, en donde fue attaché militar del gobierno argentino, eran primos hermanos ideológicos y se profesaban una mutua admiración.

El profesor de Princeton Jan-Werner Müller, en su breve libro What is populism, publicado en el 2016 por la University of Pennsylvania Press de Filadelfia, se acerca al tema acertadamente. De sus páginas extraigo once categorías que distinguen a cualquier sociedad populista, pero hago la aclaración de que no todos estos rasgos deben estar presentes para calificar de esa manera a un gobierno.
Incluso, se puede ser un demócrata, como fueron el argentino Raúl Alfonsín o el primer Alan García (o el primer Carlos Andrés Pérez), y presentar características populistas. En todo caso, esos datos aislados no son suficientes para calificar a un gobierno de populista. Es necesario que coincidan seis o siete síntomas de los más graves para determinar que se trata de un régimen de esa naturaleza.

Estos son los once rasgos definitorios:

1.- Antielitismo: se culpa a la élite política, económica, o simplemente urbana, de colocarse de espaldas a las necesidades del pueblo. En Camboya llegaron a ejecutar maestros por saber leer y escribir. En China, durante la Revolución Cultural de Mao, apresaron a personas por llevar lentes. En Cuba hubo épocas, especialmente en los años sesenta, en que el uso de corbatas equivalía a identificarse con la burguesía explotadora.

2.-El exclusivismo: sólo “nosotros” (quienes detentan el poder) somos los auténticos representante del pueblo. Los “otros” son los enemigos del pueblo. Los “otros”, por lo tanto, son unos seres marginales a los que se puede y se debe castigar.

¿Por qué fracasa el marxismo?


(Martes, 28 Febrero 2017)

ROBERTO LASERNA 

Todas las experiencias marxistas han fracasado y es necesario explicarse por qué, sobre todo a que a pesar de esa terrible historia, mantiene vigencia y moviliza grupos, organizaciones y líderes.

Democracia sin romanticismos


(Martes, 28 Febrero 2017)

IAN VÁSQUEZ 

¿Alguna vez le ha desilusionado la democracia? ¿Se ha preguntado por qué florece la corrupción o por qué los políticos prometen una cosa y terminan haciendo algo muy distinto? ¿O por qué el Estado sobregasta en ciertos proyectos mientras que otros, mucho más básicos y necesarios, carecen de fondos?

Es tentador pensar que el mal manejo del aparato público bajo la democracia es resultado de los políticos inescrupulosos y corrompidos y que la solución va por elegir a políticos decentes. La muerte esta semana del premio Nobel en Economía Kenneth Arrow nos hace acordar que la realidad es más compleja y quizás más desalentadora que eso. Arrow fue uno de los economistas que desde el siglo pasado nos enseñó a ser mas escépticos frente a la habilidad de la buena toma de decisiones colectivas.

Una de sus contribuciones se conoce como el teorema de la imposibilidad. De manera bastante simplificada, quiere decir que las votaciones pueden producir distintos y hasta contradictorios resultados dependiendo del mecanismo de votación, aun cuando las preferencias de los votantes no hayan cambiado. La regla electoral muchas veces tiene mucho más peso en determinar lo que supuestamente decide el pueblo.

Como ejemplo, el economista Alfonso de la Torre pregunta hipotéticamente cuál hubiera sido el resultado de las últimas elecciones si “se hubiera elegido solamente entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski para que el ganador entre ambos compitiera contra Verónika Mendoza”. Agrega que el resultado probablemente hubiera sido diferente si primero se eligiera entre Mendoza y Kuczynski, para que luego compita el elegido contra Fujimori.

El precio de la libertad: ¿Por qué los políticos subestiman a la gente?


(Martes, 28 Febrero 2017)

VÍCTOR PAVÓN

¿Por qué luego de jurar sobre la Biblia y la Constitución, los políticos con la mano en el corazón, habiendo prometido al electorado que cumplirán con ellos, luego les roban sin remordimiento, se auto adjudican privilegios y altos ingresos, aumentan los déficits y la deuda reconociendo incluso que lo pagarán la misma gente que los votó?

Las razones de esta tendencia se encuentran en que, en todas partes, los gobernantes buscan maximizar sus propios intereses y no precisamente los de la ciudadanía como usualmente e ilusamente algunos siguen creyendo; con el agravante que, de ese modo, subestiman a la población considerándose como los únicos que saben lo que se debe hacer.

Subestimar nunca ha sido buen consejero, ni en las relaciones personales, así como tampoco lo es en la guerra y en la misma política. Subestimar es considerar a los demás por debajo de lo que realmente son. Aun aquellos que reniegan de lo que es la política y lo que implica, resulta que la misma mediante los respectivos cuerpos colegiados tienen consecuencias sobre la vida, la libertad y la propiedad de cada individuo.

Si se sigue considerando que el ejercicio de la política se lleva a cabo únicamente cada cinco años al momento de hacer uso del voto, entonces no debería extrañarnos que los políticos subestimen cada vez más a la población y ésta repudie a la democracia constitucional como que no le da respuesta alguna. Este es un error. La causa de la decepción es otra.

¿Vuelve el fascismo? Liberales necesitan dar respuesta al nuevo orden mundial


(Miércoles, 22 Febrero 2017)

CARLOS SABINO 

El mundo vive un tiempo de cambios: la salida del Reino Unido de la Comunidad Europea, la elección de Donald Trump y el creciente apoyo popular a la extrema derecha en Europa han creado un ambiente de confusión al que se agregan los cambios que se están operando en América Latina: un viraje electoral que deja atrás la inclinación por la izquierda que se mantuvo por más de una década y escándalos de corrupción que llegan a afectar a presidentes y expresidentes, ahora sentados en el banquillo de los acusados. Es difícil entender qué está ocurriendo y dar un sentido a acontecimientos tan diversos, que se suceden con velocidad y que ponen en duda las certezas que tuvimos durante bastante tiempo.

Algunos piensan que existe un renacimiento del fascismo, de ese fascismo que surgió en Italia hace casi un siglo –en 1922 para ser más exactos. Varios son los indicios que apuntan en este sentido: el creciente nacionalismo que llega, en algunos casos, a proponer el abandono del libre comercio, el lenguaje poco mesurado de varios líderes, la xenofobia que vuelve a aparecer con distintas caras y matices. Pero todo esto, impactante como es, no me parece suficiente como para que hablemos de fascismo.

Para entender al fascismo original y los cambios de hoy es necesario entender contra qué ideología reaccionaba ese movimiento y contra quienes dirigen sus dardos los nacionalistas de hoy. Mussolini, en la agitada Italia posterior a la Primera Guerra Mundial, concibió una respuesta al comunismo que, pujante, trataba de proyectarse entonces con violencia en la arena internacional. Pero no volvió al liberalismo que dominaba la escena antes de la guerra, sino que articuló una respuesta socialista y a la vez nacionalista, totalitaria y opuesta por eso a la democracia liberal.

Del imprescindible Supremo


(Miércoles, 22 Febrero 2017)

VÍCTOR PAVÓN 

La figura del imprescindible Supremo para dirigir el gobierno de la nación, como si todos los demás individuos fueran ineptos e incapaces, se inicia apenas unos años después de la Independencia en aquel lejano 1811. La idea que el Paraguay sólo puede hacerse grande y progresista si se encuentra bajo el mando de alguien especial, sigue latente.

Profundas han sido las consecuencias culturales de esta creencia. La concentración del poder que implica poner fin al sistema de pesos y contrapesos mediante la división del poder, hizo que el Estado se convierta en un botín a repartirse por el grupo político dominante. Generaciones de paraguayos tuvieron que soportar esta errónea y dañina concepción política, llevando a unos a la tumba, a otros a soportar el exilio y a todos en la pérdida de mejores condiciones y de oportunidades en sus vidas.

El último experimento conocido de concentración del poder duró más de tres décadas en el país, dejando secuelas que todavía perduran. Afortunadamente, el devenir de los acontecimientos nacionales e internacionales, hizo que desde 1989 a esta parte se iniciara el período más largo de libertades en la historia nacional. Se dio un paso trascendental en libertad de prensa, de decir lo que se piensa en público, de criticar y elegir a los dirigentes.

¿Vale la pena recuperar la esencia del feminismo?


(Miércoles, 15 Febrero 2017)

MARÍA MARTY 

“Has recorrido un largo camino, muchacha” decían los avisos publicitarios de Virginia Slims en los años 70. Avisos que mostraban cómo las mujeres se estaban abriendo paso y logrando adueñarse de sus destinos. Mujeres que les gustaba ser mujeres, pero que también querían romper con algunos de los límites retrógrados que hasta ese momento la historia les había impuesto.

Cuando de chica veía estos avisos, me gustaba lo que proyectaban: mujeres femeninas y valientes al mismo tiempo, dueñas de esa cuota necesaria de rebeldía como para lograr una meta ambiciosa. Si bien leí la novela “La Rebelión de Atlas” recién en los 80, hubiera podido fácilmente asociar ese ideal femenino con un personaje como Dagny Taggart y con una frase que su autora, Ayn Rand, escribió: “La pregunta no es quién me lo permitirá, sino quién me detendrá.”

El mayor logro del feminismo fue, sin dudas, el reconocimiento político de los derechos individuales de la mujer, que marcó la igualdad de la mujer y del hombre ante la ley. Miremos alrededor por un instante y veamos la cantidad de mujeres que actualmente hacen de su vida lo que desean, que son independientes, que han cumplido sus sueños. La gran meta de aquellas mujeres rebeldes fue cumplido, al menos en una parte del mundo.

Quizás ese fue el motivo por el cual (como a un barco que ya llegó a puerto), el movimiento fue abandonado por quienes originalmente le habían dado su rumbo.

James Buchanan, premio nobel de economía, escribió acerca del liberalismo:

No pidas al gobierno que haga lo que tú no harías


(Miércoles, 08 Febrero 2017)

MARÍA MARTY 

Un cuento escrito por Lewis Love llamado “A King of Long Ago” (Un rey de hace tiempo atrás) narra la historia de un rey de una tierra lejana, justo y sabio, que tenía muy en claro los límites de su poder en el gobierno de su reino.

¿Es o no es un derecho humano?


(Miércoles, 08 Febrero 2017)

JAVIER PAZ

Si Ud. naufragara en una isla desierta junto a otras dos personas desconocidas, ¿cuáles serían las obligaciones que se tienen entre sí? Usted no puede matar, golpear o robarle a los otros sus pertenencias y viceversa porque nuestra calidad de humanos e iguales entre sí (iguales en derechos) nos obliga a respetar la vida, la libertad y la propiedad de los otros como también a exigir su respeto para con nosotros.

Más allá de este respeto mutuo usted no puede obligar a los otros a que le construyan una casa, le provean agua, o le den clases de aritmética; tal obligación implicaría una violación de la libertad de los otros.

Probablemente estas tres personas decidan colaborar para conseguir el alimento, construir un refugio y cuidarse en la enfermedad, pero esta colaboración es voluntaria y mutua y si uno de ellos decidiera irse a vivir solo a otra parte de la isla y cortar contacto con los otros dos, estaría en todo su derecho. Imaginemos que los tres náufragos son un médico, un profesor y un arquitecto.

¿Eso implica que el médico está en la obligación de garantizar la salud, el profesor la educación y el arquitecto la vivienda? Por su puesto que no. El que cada persona tenga diferentes especialidades hace más beneficiosa la colaboración mutua, pero no quita el hecho de que ésta tiene que ser voluntaria, no obligatoria.

Los derechos humanos y la democracia


(Miércoles, 08 Febrero 2017)

JAVIER PAZ

Existe mucha confusión con los conceptos de democracia y derechos humanos. Mientras la mayoría de la gente considera que los derechos humanos son una serie de privilegios y dádivas que tiene que otorgar el Estado, otros creen que la democracia es casi un sinónimo de derechos humanos.

Latinoamericanos odian al Estado, pero quieren todo de él


(Miércoles, 25 Enero 2017)

RAFAEL RUIZ

En general, las cosas no van bien en América Latina: estancamiento económico, rezago educativo, conflictos sociales, levantamientos armados, crimen organizado, nepotismo, desprestigio en la clase política e incontables casos de corrupción forman parte de nuestro día a día.

Los liberales queremos que los pobres sean ricos; los socialistas que sigan siendo pobres


(Martes, 24 Enero 2017)

MARÍA MARTY 

No dejan de sorprenderme algunos insultos que ciertos lectores dejan debajo de mis columnas y de las columnas de otros economistas, periodistas o pensadores liberales. Muchos de ellos vienen de personas que dicen ser pobres, o que dicen defender a los pobres. La mayor parte de los insultos vienen sin argumentos y cargados de falacias “ad hominem”. He pasado de ser un agente pago del imperalismo yanqui, a una egoísta que arderá en el infierno, a una nacida en cuna de oro que aborrece a los pobres. Otros comentarios no son reproducibles.

Por supuesto que también están aquellos que piensan distinto sin insultar, que argumentan y se esfuerzan por comprender mi posición y por dejar en claro la suya. Tanto para unos como para otros, va dedicada esta columna.

Somos nosotros, los liberales— los verdaderos liberales,— los principales defensores de los pobres. Somos nosotros quienes creemos en las personas, en su inteligencia, en su voluntad y en su capacidad para salir adelante y hacerse cargo de sus propias vidas. No importa de dónde vengan. La humanidad y la vida siempre han logrado abrirse paso desde sus orígenes.

Somos nosotros quienes respetamos su deseo de una mejor vida para sí mismos y sus familias; quienes queremos liberarlos de las cadenas que los mantienen atados. Quienes queremos verlos lograr lo que se proponen y volverse más ricos. Sí, más ricos. Porque la riqueza hace la vida más larga, más simple y más entretenida, si sabemos usarla.

Los liberales comprendimos que cuanta más gente progrese, tanto mejor para todos. ¿Acaso me iría mejor si Steve Jobs hubiera hecho un pésimo negocio al crear la computadora en la que escribo, o si Edison hubiera fracasado, o si quien me vende la carne y la fruta tuviera que cerrar su negocio porque no gana dinero, o si los laboratorios no pudieran pagar el costo de continuar fabricando un medicamento que necesito, o si el jardinero tuviera que vender su máquina de cortar césped para poder comprar comida a su hijo?

Los derechos humanos y la ley


(Martes, 24 Enero 2017)

JAVIER PAZ 

Una forma de definir los derechos humanos es referirse a las leyes que existen al respecto. Bajo este esquema un abogado podrá decir que la provisión de agua potable es un derecho humano porque tal o cual ley así lo declara o que el derecho a la salud gratuita está normado en ene países del orbe y eso es prueba suficiente para declararlo un derecho humano universal. El problema de este método es que nos llevaría a concluir que la esclavitud en la Roma imperial, la discriminación de moros y judíos en la Europa de la edad media o el apartheid en Sudáfrica son justificables porque eran legales.

La Constitución se hizo para protegernos de los gobiernos


(Miércoles, 18 Enero 2017)

VÍCTOR PAVÓN 

Mientras persiste el avance del proyecto reeleccionario presidencial, sus promotores directos, al igual que los congresistas y jueces, bien harían en recordar a uno de los más grandes autores clásicos y defensor de la República Romana, Marco Tulio Cicerón, cuando dijo: “No nos es permitido alterar esta ley y tampoco es permitido tratar de derogar ninguna parte de ella. Ni el Senado ni el pueblo pueden liberarnos de sus obligaciones y no necesitamos buscar alguien que nos la pueda interpretar, fuera de nosotros mismos”.

El verdadero sentido y propósito en la historia de las naciones de la corriente constitucionalista consiste en proteger al hombre libre y ciudadano del permanente acecho de los gobiernos. Este y no otro es el precioso legado del constitucionalismo liberal que encuentra su piedra angular en Grecia, Atenas, y por el cual se estableció que las libertades de los individuos deben ser respaldadas en todo momento, y no solo contra los criminales comunes, sino sobre todo contra aquellos que accediendo a los gobiernos pretendan convertirse en delincuentes.

El constitucionalismo emerge por primera vez bajo los auspicios de la libertad como magistralmente el legislador ateniense Solón dijo: “El pueblo se gobierna con normas preestablecidas” y luego Pericles: “La ley no debe afectar a un solo individuo sino a todos y la decisión del legislador no es particular sino general y previsora; la libertad no nos hace hombre sin ley”.

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