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Endeudamiento galopante


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

Fuente: eldia.com.bo ( Por EDUARDO BOWLES) 

Habría que preguntarle al Gobierno qué pasó con el préstamo de siete mil millones de dólares que hizo el Gobierno chino hace un año. Tal vez puedan rendir cuentas de los más de cinco mil millones de dólares de las reservas internacionales que se esfumaron en los últimos dos años. En realidad, a estas alturas valdría la pena hacer un balance de los 17 mil millones de dólares de deuda que ha acumulado Bolivia en la última década, la de mayor bonanza de la historia. Es más, los bolivianos merecen una respuesta coherente de los más de 150 mil millones de dólares que manejó este régimen desde que llegó al poder en 2006.

Estos cuestionamientos surgen ahora que sorpresivamente y sin consultar a nadie, el Gobierno decide colocar mil millones de dólares de “bonos soberanos” en los mercados capitalistas, lo que en otras palabras significa incrementar la deuda, con un interés del 4,6 por ciento, muy por encima de lo que cobran los organismos crediticios internacionales, cuyas tasas bordean el 3 por ciento.

Esta noticia activa las alarmas de los analistas económicos, que han advertido que el monto de la deuda boliviana, que para ellos no se justifica por el inmenso volumen de ingresos que ha tenido nuestro país, ha sobrepasado el 40 por ciento del Producto Bruto Interno, fenómeno que comienza a ser insano para las finanzas públicas que desde hace dos años enfrenta un déficit fiscal preocupante, sin mencionar que la balanza comercial sigue cayendo por la drástica reducción de nuestras exportaciones.

Pero esas noticias parecen no hacer mella en la actitud derrochadora del Gobierno. El presidente Morales asegura tener la propuesta de cientos de organismos que le ofrecen dinero a raudales y cree que en los próximos años podría conseguir tres mil millones de dólares más para seguir invirtiendo en diferentes obras.

Por eso mismo es que, antes de que llegue semejante cantidad de dinero, el país debata sobre el impacto que ha tenido todo el torrente de dólares que ha corrido en este tiempo. ¿Cuál ha sido el retorno de las inversiones? ¿Vamos a seguir invirtiendo en aeropuertos que no se usan, en fábricas que solo producen pérdidas, en proyectos que no funcionan, en emprendimientos inviables, en museos, moles de cemento y en miles de obras decorativas que se han hecho en los municipios, donde la pobreza sigue siendo la misma y los pobladores continúan con sus problemas intactos?

Las autoridades no dejan de mencionar la agenda patriótica que aspira a invertir más de 50 mil millones de dólares hasta el año 2025, en proyectos, que a juzgar por sus impulsores, van a transformar la estructura productiva del país, con una altísima incidencia en la calidad de vida de los bolivianos. En el papel todo resulta muy convincente pero en los hechos, los millones terminan perdiéndose en una marejada que amenaza con sumir al país en una crisis que a este paso podría resultar más grave de lo previsto.

Productividad, un tema de fondo


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

Fuente: eldia.com.bo (Por EDUARDO BOWLES)

Cada día que pasa, el sector agropecuario boliviano se sume en un pozo del que costará mucho salir si no se toman medidas urgentes. Más allá de los factores políticos que han estado menguando la capacidad de crecimiento del campo, los agricultores especialmente, enfrentan un retraso tecnológico que está abriendo grandes abismos frente a nuestros competidores, los países vecinos, que no solo copan los mercados de ultramar, sino que también invaden nuestro territorio con productos de mejor calidad y bajos precios, puesto que sus costos son menores.

Para graficarlo de algún modo, mientras que un productor de soya o de maíz de Argentina está usando técnicas de “alta definición”, nosotros todavía estamos en la era del “blanco y negro” y eso es gracias a la biotecnología, que actualmente está liberada de todos los prejuicios políticos, científicos e ideológicos, pero que todavía se enfrenta a barreras imposibles de comprender en pleno Siglo XXI.

Todo eso se traduce en bajísimos rendimientos. Bolivia está prácticamente de última en América del Sur en cuanto a volúmenes de cosecha por hectárea en casi todos los rubros, especialmente en aquellos en los que se ha introducido los cultivos modificados genéticamente, altamente resistentes a las plagas, a las malas condiciones climáticas y que requieren de menor inversión en agroquímicos.

En la actualidad, si un agricultor boliviano quiere subir sus rendimientos, tiene que hacer fuertes inversiones en productos que ya están en desuso en otros mercados; en trabajos de labranza adicionales para controlar maleza, en fumigaciones extraordinarias y por último, en incorporar nuevas tierras de cultivo, lo que además del costo, se traduce en un daño irreparable al medio ambiente. Para colmo de males, el productor nacional debe lidiar con factores relacionados con el enrarecido clima político, como las invasiones de tierras, las restricciones del estatismo y la inseguridad jurídica. A esto se le debe sumar los viejos e insuperables problemas del transporte.

En Bolivia se han establecido cadenas productivas, especialmente en el rubro soyero, con cuantiosas inversiones en sistemas de acopio, almacenamiento y procesamiento del grano, con fines de industrialización y de exportación, pues el valor agregado es la mayor ventaja que se puede otorgar a quien cultiva la tierra, que no puede seguir aspirando en estos tiempos a exportar la materia prima en su estado natural.

Sin embargo, debido a los serios problemas de productividad, la agroindustria posee una inmensa capacidad ociosa que genera pérdidas cuantiosas. Los productores del campo enfrentan un déficit tan voluminoso, que resulta imposible superar con los métodos de cultivo tradicionales, alejados de la tecnología que están usando en casi todo el mundo. Resulta insuficiente plantear reclamos al Gobierno para aplicar medidas paliativas, asistencia financiera ocasional, si de fondo, no se cambia el rumbo de la agricultura en el mismo sentido que marchan quienes llevan la delantera y que nos están dejando rezagados, con graves inconvenientes para la soberanía alimentaria nacional.

La verdad de un perseguido


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

Fuente: paginasiete.bo ( Por IVÁN ARIAS) 

Fui y soy admirador de los doctores Javier Torres- Goitia Torres y Javier Torres-Goitia Caballero. Con este último nos unió dos circunstancias casuales. La primera que, sin que yo lo buscara, el seguro médico me lo asignó como pediatra de mi hijo y, la segunda, que por diferentes caminos, yo como impulsor de la Participación Popular y él desde el Ministerio de Salud, en el primer gobierno de Sánchez de Lozada, nos encontramos aportando al país desde donde sabíamos hacerlo, sin que el odio o el revanchismo nos guiara.

Estas coincidencias nos acercaron y siempre compartíamos criterios. En el segundo gobierno de Sánchez de Lozada, el doctor Torres-Goitia Caballero fue invitado a dirigir el Ministerio de Salud. Esta su participación, después de ser derrocado el gobierno del MNR (2003), cambió su vida y le obligó a refugiarse en Perú debido a la sañuda persecución de los actuales detentadores del poder.

Han pasado más de ocho años de su exilio y con admiración, y dolor, pude leer el testimonio que el doctor escribía, en su página de Facebook, a su nietos Matilde y Thiago para explicarles por qué está en Perú: "Me he cansado de decirles a ustedes, mis nietos, mi razón de ser, verdades a medias. Me he dado cuenta de que estoy haciendo el juego muy fácil a mis verdugos”.

En varias entregas, Javier, en lenguaje sencillo, sin dejar de ser profundo, les dice a sus nietos: "Primero y ante todo quiero que sepan que estoy aquí porque en mi país, nuestra Bolivia, hay un grupo de gente que tiene mucho temor a que gente como yo estemos habitando el mismo espacio con ellos. ¿Quiénes son ellos? Son un grupo de líderes que se atribuyen la representación de los más deprimidos y excluidos. En 11 años no han hecho nada importante y en esos 11 años han logrado romper el sistema de sucesión democrática. Hace casi ocho años tuve que salir de Bolivia porque sobre mí y todos los demás miembros del gabinete ministerial, más el Alto Mando de las Fuerzas Armadas de la Nación del gobierno depuesto en 2003, existe una acusación de Genocidio”

Después de describir los títulos y especialidades logradas como profesional expresa: "Toda mi vida la he dedicado a cuidar la salud de las personas, a luchar en forma permanente para evitar la muerte. Gracias a mi inclinación por los problemas sociales he tenido algunas actuaciones públicas y políticas, siempre vinculadas exclusivamente al cuidado de la salud. En ese sentido, soy uno de los autores de la organización del primer seguro público financiado con aportes indirectos para la atención gratuita de la madre y los niños menores de cinco años. El primero de ese tipo aplicado en la América Latina, en 1996. Este seguro fue perfeccionándose en dos gobiernos distintos y sucesivos, luego, en mi calidad de Ministro de Salud, en 2002, con el mismo grupo profesional, tuve la enorme satisfacción de lograr la aprobación de la ley que crea el Seguro Universal Materno Infantil, el SUMI. Seguro que no ha podido ser superado hasta la fecha y, aunque con cambios que lo perjudican, se mantiene hasta ahora. El nuevo seguro y un paralelo cambio en el modelo de atención permitió bajar la mortalidad materna en un 45% en los primeros 10 años de vigencia. Es la medida que más me ha satisfecho porque con ella hemos salvado vidas de mujeres bolivianas de todas las etnias y de niños de todo el país”.

¿Torres-Goitia Caballero, genocida?: "Es importante que sepan querida Matilde y querido Thiago, y todos los niños y adultos que lean estas líneas que NO SOY GENOCIDA, como han tratado de hacer creer mis detractores. Sí, soy un luchador comprometido con la salud de la gente, de mis pacientes de mi comunidad y de todas partes donde llego. Apenas me enteré del juicio iniciado en mi contra dejé el cargo internacional que tenía en la Organización Panamericana de Salud y volví a Bolivia para defenderme. En el juicio tuve que soportar vejámenes que nunca antes sufrí. Por más de cuatro años tuve que hacer cola en la Fiscalía para firmar un libro en el que se registran delincuentes y otros antisociales. No podía trabajar en ninguna institución de salud en Bolivia desde 2003 a 2009. Por higiene mental no quiero recordar las vicisitudes de ese juicio, pero sí creo estar obligado a contarles también detalles de mi participación política”.

En una pormenorizada relación, que invito a leer, Javier nos guía por años de historia de salud en Bolivia. En sucesivos capítulos cuenta los antecedentes, construcción y resultados de las políticas de salud que él impulsó con impactos que no sólo se valoraron en Bolivia, sino a nivel internacional.

En medio de su relato dice (resumo): "Cuál es la lección que aprendí y que quiero transmitírselas a ustedes queridos Matilde y Thiago? Primero, que cuando uno acepta ser ministro es para trabajar y hacer cosas nuevas que beneficien a la mayor cantidad de gente posible, sin hacer diferencias por el color de la piel, por el origen de su nacimiento o por la cantidad de plata que tengan”.

Finalmente, les dice que lo peor es sólo preocuparse y aprovecharse de las necesidades de la gente, y que lo que hacen las gentes de bien es ocuparse: "Esta actitud es la perfecta, es la correcta. Enterarse de la verdadera magnitud del problema, de sus causas y de sus posibles soluciones. Ver tu capacidad y buscar apoyo con otras personas, y otras instituciones para generar mecanismos para que los problemas de los demás sean solucionados por ellos mismos con su esfuerzo, pero con tu apoyo y participación. La gente sabe lo que necesita y tu trabajo debe ser apoyar a ese saber con todos los instrumentos de la administración pública”.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

El aborto desde el liberalismo


(Miércoles, 22 Marzo 2017)

Fuente: ilceboliva.org (Por LUIS CHRISTIAN RIVAS)

Antes que nada, debo confesar que por mucho tiempo mantuve una postura “pro-elección” sobre este tema, estaba confundido hasta que leí: “El liberalismo contra el derecho al aborto: una argumentación liberal pro-vida” de Albert Esplugas Boter, por eso quiero compartir con ustedes algunas de sus conclusiones.

Vida humana. Debemos considerar al ser humano desde la fecundación, el embriólogo Keith L. Moore, dice: “Un embrión, un nuevo ser humano, viene a la vida cuando un zigoto es producido en la fertilización por la combinación de un espermatozoide y un óvulo”, ese embrión ya contiene los 46 cromosomas, lo que lo significa que estamos frente a un ser único e irrepetible. Este estado embrionario debe considerarse como una etapa del animal llamado: ser humano, tal como lo es la etapa de la infancia o la vejez.

Los abortistas indican que mientras el feto no tenga autonomía e independencia del cuerpo de la madre, es un apéndice más de ese vehículo orgánico, pero debemos reconocer que una vez nacido él bebe, tiene la misma dependencia anterior para sobrevivir, es el mismo individuo en otras circunstancias, los embriones formados en útero o laboratorio son individuos que necesitan medios adecuados para desarrollarse, igual que un enfermo entubado necesita de pulmones artificiales para vivir, no por eso pierde la individualidad.

Derechos de la persona. Si hemos dicho que la vida empieza desde el primer día de la concepción, es lógico pensar que este nuevo individuo nonato adquiere el principal derecho defendido por los liberales, a saber: la vida. El derecho a la vida, es un derecho negativo, es decir, proclama que un individuo no puede ser privado de la vida por otros, al ser negativo protege a la persona de interferencias ajenas. Nadie puede matar un individuo. Como nadie puede matar a un bebe nacido, un anciano o una persona privada de sus facultades racionales. Este derecho a la vida es absoluto, no es gradual, se tiene o no se tiene derecho a la vida. Por lo tanto, el ser humano desde el primer día de su concepción no puede ser eliminado, ejecutado o destruido.

En este punto debemos hablar sobre un principio liberal: “el principio de no-agresión”, significa que nadie puede intervenir o interferir el derecho a la vida mediante el uso de la violencia, ley, etc., principio rector de todo aquel que se considere liberal, que considera que es ilegítimo iniciar la fuerza contra otra persona (asesinato, violación, secuestro, robo…), emplear la amenaza de la fuerza, o cometer fraude, aun sea el Estado el agresor mediante leyes antiliberales injustas.

El derecho a la vida no es subjetivo, como no lo es el homicidio. No podemos elegir matar sin asumir las consecuencias de esa acción y la reprobación de la sociedad. ¿Qué sucede en casos de violación y riesgo de muerte?, pensemos en la analogía del libertario John Walker: ¿si entramos de polizontes en un avión y nos descubren, no es deber del capitán cuidar de nuestra vida hasta llegar al aeropuerto?, ¿debe expulsarnos del avión en el cielo?, la idea es preservar esa vida hasta donde sea posible, por ser una responsabilidad adquirida.

Esto es concordante con el Juramento Hipocrático que profesan los médicos, a quienes, el Estado no puede obligarles a realizar legrados, más aún, si se viola la libertad de religión, culto u objeción de conciencia del galeno.

En el caso de aborto por situación de pobreza, sus defensores, no reparan en la solución de la pobreza, que no es otra que capitalismo competitivo para los pobres, mercados nacionales y extranjeros para comprar y vender libremente. Respuesta fácil es eliminar a los pobres, abortar a quienes pueden morir de hambre en socialismo. Bajo esta lógica, siguiendo la biografía de Evo Morales, este mandatario hubiera sido víctima de un aborto, pero no lo fue y llegó a ser quien ahora es.

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