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El público al servicio de los servicios públicos


(Martes, 18 Abril 2017)

Fuente: eldia.com.bo ( Por H.C.F. MANSILLA) 

Este título enrevesado quiere llamar la atención sobre una situación reiterativa. Ser cliente, usuario, peatón y ciudadano es un verdadero infortunio. Aquí el cliente, el usuario y el ciudadano agradecen al taxista, al dependiente de la tienda o al empleado público, quienes contemplan desde arriba, displicentes y autosatisfechos, a los pobres súbditos, a quienes acaban de hacer la merced de un generoso favor. El Estado, las grandes empresas de electricidad, teléfonos y agua, las tiendas y los transportes públicos no están al servicio del ciudadano, del usuario y del cliente, sino que estos están al servicio de estas instituciones.

Esta constelación se agrava a causa del carácter autoritario de la sociedad boliviana. Innumerables ciudadanos de este país creen tener razón por derecho divino. Desde los plomeros hasta los políticos, desde los conductores de automóvil hasta los médicos: todos se arrogan el monopolio de la verdad, casi nunca admiten una equivocación y no indemnizan a sus víctimas por sus errores.


Esta inferioridad innata del ciudadano frente a la organización, por más pequeña que esta sea, tiene su fundamento y su justificación en la dignidad ontológica inferior del individuo con respecto a la colectividad. Contra esta tesis se puede alegar que los bolivianos de casi todos los estratos sociales y ámbitos geográficos se distinguen por un acendrado individualismo: defienden con garras y uñas su propiedad, negocio y herencia, perjudican al prójimo con tal de obtener pequeñas ventajas personales, descuidan casi deliberadamente los asuntos comunales y no contribuyen a un espíritu cívico de ayuda mutua.

En la prosaica vida cotidiana estas son asimismo las pautas normativas de comportamiento de los estratos de origen indígena, pese a la propaganda en sentido contrario de pensadores indianistas y descolonizadores. Este conjunto de actitudes no conforma, empero, un genuino individualismo liberal, tolerante y esclarecido, sino una defensa bastante primitiva de sujetos que tienen algo que perder. Es una postura que se niega a reconocer méritos y logros individuales; denigra a los que realmente se destacan y trata de nivelizar a todo el grupo social para que el talento auténtico no pueda surgir.


Este carácter en el fondo colectivista se manifiesta, por ejemplo, en el poco valor atribuido a la vida de las personas concretas. En las calles y carreteras ocurren a menudo terribles accidentes, pero los responsables no son castigados y las causas y las circunstancias de estos percances no son investigadas. Se tomarán medidas serias recién cuando una de estas contingencias signifique una hecatombe con miles de muertos. La colectividad boliviana premia todavía el acomodo fácil y la integración al modo de vida prevaleciente, y rechaza al disidente, al que piensa y obra de modo autónomo, al que se desvía del grupo y al que exhibe espíritu crítico.

Está mal visto que alguien desapruebe el ruido de las calles, las alarmas desbocadas de los vehículos y la falta de estética pública. El que censura los cables eléctricos y telefónicos por encima de las calles, el desportillado aspecto exterior de las construcciones y las aceras, el poco amor por el detalle y los acabados en cualquier trabajo, resulta un extraño, un extranjero, un desadaptado. El cultivo de sutilezas no es precisamente el fuerte de la nación boliviana, y por ello no hay una tradición científica.


Durante la era colonial la administración estatal desconocía una vocación de servicio a la comunidad. Ni las normas legales ni las prácticas consuetudinarias preveían algo así como prestaciones de servicios en favor del público, a las cuales la burocracia hubiera estado obligada por ley. El “vuélvase mañana” era entonces algo común y corriente para conseguir un pequeño soborno. Las actuaciones de la administración colonial eran más bien actos de gracia, que dependían a menudo del buen parecer del funcionario en cuestión. Esto conllevaba el uso abusivo y permanente de poderes discrecionales, lo que significó en la realidad una dilatada corrupción estructural. Los actos de gracia del Estado en favor de los súbditos debían ser respondidos con un profundo agradecimiento de parte de estos últimos, especialmente en forma pecuniaria.

Algunos elementos de esta tradición han perdurado hasta hoy. Por ejemplo: si la administración pública y el Poder Judicial cometen errores, rara vez los admiten como tales, aunque se trate de una práctica repetitiva. El pobre ciudadano tiene que preocuparse de enmendarlos ante funcionarios altaneros y mal instruidos que nunca se imaginan que pueden equivocarse. Es el ciudadano o mejor dicho: el súbdito el que con infinita paciencia tiene que correr con todos los costos de la corrección. En general la burocracia estatal no indemniza a los perjudicados por el daño causado y menos por la pérdida de tiempo.

Pese a disposiciones legales existentes, las actuaciones de los funcionarios públicos no pueden ser sometidas efectivamente a un control judicial accesible al ciudadano común. Si en una repartición pública alguien protesta enérgicamente dentro del marco legal reclamando por la vulneración de sus derechos, el ciudadano lleva las de perder. Lo curioso reside en el hecho de que la sociedad boliviana quiere modernizarse de modo acelerado, pero ningún sector social importante exige la simplificación (o anulación) de los engorrosos trámites y una administración pública que reconozca y enmiende sus errores.

*Filósofo, cientista político y escritor

Un compromiso con la verdad


(Martes, 18 Abril 2017)

Fuente:eldeber.com.bo (Por JAVIER PAZ)

Hace poco escuché decir a un dirigente que los cupos de exportación “cumplieron su ciclo” y que era tiempo de liberar las exportaciones de soya. Tal afirmación, implica que dicho mecanismo tuvo un efecto positivo y sirvió para algo pero que ahora ya no se necesita; implica que el gobierno estuvo acertado, hasta cierto punto en implementar la medida, pero es momento de retirarla.

Para beneficio de la duda, debemos entender que quienes están en una posición política, ya sea como líderes de algún gremio empresarial o tienen que negociar con el gobierno para conseguir una ley o un decreto, deben tener el tacto político para agradar y convencer a quienes ostentan el poder. Y una forma de convencer es diciendo que algo fue bueno, pero que ya no es necesario o no corresponde con la actual coyuntura.

Ser ambiguo, buscar agradar, ser lisonjero, apoyar al caudillo y al partido en los aciertos y los errores, elegir las opiniones que uno tiene de acuerdo a los votos que puedan proporcionar, tomar posiciones reñidas con lo justo, pero que benefician al sector que uno representa es una necesidad y casi una obligación para los políticos, incluidos los líderes de sindicatos y gremios empresariales. Tal vez por estas razones difícilmente podría seguir una carrera política. Esta necesidad de ser ambiguo, de desinformar, de cambiar de opinión de acuerdo a la conveniencia y no a la convicción o mejor aun a la ciencia lamentablemente no es exclusiva de los políticos, sino también de académicos y periodistas.

Afortunadamente no tengo compromisos con nadie, no busco una carrera política, y aunque sí me interesa convencer, educar y si es posible, agradar, no busco la aprobación de mis lectores, sino la correcta exposición de un argumento o punto de vista. Esta independencia me permite criticar, sin fijarme si esto beneficia al oficialismo o a la oposición, o si será del agrado de tal o cual persona. Me permite decir cosas que algunos consideran que no se deberían decir porque van en contra de los intereses cruceños o porque son demasiado radicales para la sociedad en la que vivimos.

Me permite decir que los cupos de exportación nunca fueron una buena idea, que me parece excelente que se haya expulsado a la DEA del país, que este gobierno ha destruido la estructura institucional de Bolivia y que vamos por mal camino. Mi único compromiso es con la búsqueda de la verdad, con mis principios y valores y con la construcción de una sociedad de hombres libres y justos.

12A: lo posible y lo deseable


(Lunes, 17 Abril 2017)

Fuente: paginasiete.bo (Por IVÁN ARIAS) 

El Gobierno está cada vez más reactivo y boquiabierto por la oposición que ha retomado la iniciativa en casi todos los frentes. En este año, por citar los más importantes, el régimen fue sorprendido por la convocatoria ciudadana a festejar el 21F y por la emergencia de seis líderes opositores el miércoles 12 de abril (12A). En el primer caso pensaron que la idea era una locura, que no tendría respaldo popular; pero tuvieron que quedarse callados ante la contundencia de las concentraciones que pedían respeto a la CPE y no a la reelección. Sobre la salida de los líderes políticos, tuvieron que tragar mucha saliva antes de contestar, pues, ni se la olían.

Me imagino que ver la foto les sacó ronchas de temor y sufrimiento, porque estaban seguros que la oposición sería incapaz de sentarse bajo un mismo objetivo. Los seis líderes suman, entre todos, 150 juicios seguidos por el Gobierno. Creyeron que el exilio de cientos de bolivianos, el encarcelamiento de otras decenas, la persecución a periodistas independientes, la cooptación de los medios de comunicación, el acoso judicial a Samuel, el encarcelamiento de Leopoldo, Ernesto y Eduardo León; además del maltrato y desprecio legal a Gualberto Cusi, los tendría divididos, atemorizados y agazapados en sus respectivas trincheras.

Pero se equivocaron. Este 12A los seis líderes, por encima de sus diferencias y primando el bien común de la patria, firmaron un pronunciamiento donde el primer pedido es frenar la persecución política; el segundo, respetar al voto del referendo del 21F; y, el tercero, conformar una comisión extraparlamentaria independiente para evaluar a los candidatos postulantes a magistrados. El documento suscrito termina diciendo que trabajarán unidos para denunciar nacional e internacionalmente "las acciones gubernamentales que se planifican y se realizan poniendo en entredicho las libertades ciudadanas en Bolivia”. Anticipan que, entre otras acciones, impulsarán "un informe serio y documentado” de la persecución contra la oposición a lo largo de los 11 años de gestión de Morales.

Esta acción ha sido, por el grueso de la ciudadanía, valorada como un gran gesto que abre la expectativa que ya no estamos desamparados y que hay ojos vigilantes, voces dispuestas a denunciar y personas dispuestas a actuar, de forma unida, en defensa de los derechos civiles y políticos.

Sin embargo, como siempre, no se puede contentar a todos, pues, no faltan los perfeccionistas: que por qué no se invitó a otros líderes, que por qué sólo hombres, que por qué no hablaron del futuro y sólo se centraron en cosas coyunturales; que por qué parecían monolitos incapaces de sonreír; que por qué no invitaron a agrupaciones ciudadanas que se las jugaron el 21F; que por qué no hablaron de las elecciones? Y los más radicales, los defenestraron diciendo que todos ellos son el pasado.

Los que tanto hablan de renovación y cambio en los liderazgos, ¿por qué no salen de Facebook y se ensucian los pies, dando la cara y haciendo política abierta? ¿Quién les impide decir que quieren construir y ser poder alternativo? "Salgan de sus asientos y propongan. Dejemos de creer que el país es una página web y que nuestro rol se limita a criticar sin proponer. La construcción de un país requiere del concurso de todos” (Lorena Sugier).

No se trata de una unidad electoral, no estamos en tiempo electoral, sino de una unidad natural.
No tienes que ser gran analista para ver que estamos ante un gobierno que, cada día más, asfixia las libertades y que, por ello, se debe dar la unidad natural de las fuerzas democráticas. Eso pasó en Chile con la dictadura de Pinochet, y eso pasó aquí con las dictaduras de Banzer y García Mesa. En esos casos, se disuelven las diferencias ideológicas y los líderes y ciudadanos pasan a defender la democracia, como bien común.

Con el gobierno de Evo Morales, las libertades y el Estado de Derecho, al igual que en Venezuela, están cada vez más limitadas a nombre de una ficción de revolución. Es de ciegos no darnos cuenta que hace rato esto se ha convertido en un absolutismo, en un gobierno abusivo y despilfarrador del bien público, en favor de la corrupción de una casta detentadora del poder.

A nombre de todos los bolivianos se están haciendo cosas que los vecinos y el continente, tarde o temprano, nos las van a cobrar. El embajador Sacha Llorenti, desde la ONU, ha alineado al país con Rusia, Irán y Corea del Norte para defender al tirano Sirio que asesina niños con gas sarín. Esto es inaudito. Sacha no puede defender a un criminal, respaldándose en el nombre de Bolivia. No puede poner en riesgo la causa marítima y, peor aún, irradiar la imagen de un país "templo del narcoterrorismo”.

Los que actuamos desde las agrupaciones ciudadanas durante estos 12 años de resistencia debemos tener bien claro que el pronunciamiento del 12A es la respuesta y respaldo a las causas democráticas que, hasta hoy, defendíamos desde los foros y redes sociales. Producto de nuestra resistencia hemos comprometido a los líderes políticos, llevar adelante acciones dentro y fuera del país.

Desde las redes hemos pedido señales de unidad y, con las limitaciones propias del proceso, han reaccionado. No estamos solos, nos acompañan. No es la oposición deseable, pero es la que hoy existe para defender la democracia. Su unión es nuestra victoria. La respuesta de los seis líderes democráticos de Bolivia se suma a la nuestra, para decirle al régimen basta, no destruyan más la patria! En todo caso sus actos futuros nos dirán si valió la pena la esperanza.

El salario mínimo nacional real se duplicó en 10 años


(Martes, 11 Abril 2017)

Fuente: paginasiete.bo (Por HUGO SILES)

"¿Quién decide qué es lo que es apropiado? ¿Y si decidiesen que ponerse un salmón en la cabeza lo usarías?”, escribe Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas. ¿Y quién decide cuánto será el incremento salarial en 2017? ¿Y si decidiesen que fuera igual o el doble del año pasado lo pagarías?

En 2016 el incremento al salario mínimo nacional nominal fue de 9% y al haber básico fue de 6%.

En 2017 la COB y el Gobierno central negocian estos días el porcentaje del incremento salarial al margen del sector privado, cuando el Convenio 26 de la OIT -que ratificó Bolivia en 1954- señala que la fijación de los salarios debe ser previa consulta a las organizaciones de empleadores, esto es a quienes sufrirán el dolor del salmón en la cabeza. Para determinar "lo apropiado” en materia de incremento salarial, desde el enfoque marginalista, el salmón debe estar sazonado con el criterio de la productividad laboral y el costo salarial real, en el marco del diálogo tripartito público-privado-trabajadores.

En los últimos 10 años el salario mínimo nacional real (SMNR) se duplicó, esto es, la capacidad de compra del SMNR en el mercado de bienes y servicios aumentó 103% entre 2006 y 2016. En 2006, el salario mínimo nacional nominal fue de 500 bolivianos y en 2016 subió a 1.805. Ambos valores deflactados por el Índice de Precios al Consumidor evidencian que se duplicó el salario mínimo nacional real. ¿Y cuánto aumentó la productividad en Bolivia? De acuerdo a Eduardo Fernández Arias, execonomista sénior del BID, entre 2006 y 2011 (último dato disponible) el aumento de la productividad total de los factores (PTF) en Bolivia fue de 3,6 puntos: pasó de 55,99 puntos en 2006 a 59,65 puntos en 2011. A manera de guisa, en Brasil la PTF en 2011 alcanzó a 75,9 puntos, en Perú a 82 puntos y en Chile a 107 puntos. El trabajo de la PTF de Fernández está disponible en la web del BID.

La conclusión es que en los últimos 10 años el costo marginal del trabajador subió más (mucho más) que el ingreso marginal de las empresas, con la consiguiente afectación en el margen de beneficio empresarial y el desincentivo a la inversión, producción, y generación de empleo formal.

En 2017 un incremento del salario mínimo nacional real (y del salario en general) por encima del incremento de la productividad impulsará un mayor desempleo en el sector formal y auspiciará un mayor empleo informal.

El incremento salarial real debe estar de acuerdo al aumento en la productividad; es decir, si la producción aumenta entonces corresponde un aumento de la retribución salarial; caso contrario, pocos o ningún empleador estará dispuesto a generar empleos nuevos formales.

Actualmente, sólo dos de cada 10 trabajadores están en el sector formal; es decir, recibirán el incremento salarial conforme lo estipule la negociación COB-Gobierno, puesto que en el sector informal rige la libre negociación salarial, donde los incrementos de productividad superan los anémicos incrementos de los costos laborales.

Hugo Siles Espada es economista.

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